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Qué tener en cuenta para elegir una universidad

Más títulos, mayor movilidad y mayor especificidad de la enseñanza. La adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior ha multiplicado, al menos sobre el papel y aunque sólo sea de forma nominal, la oferta universitaria. De 140 titulaciones oficiales (licenciaturas y diplomaturas) se ha pasado a más de 2.600 grados y más de 2.500 másteres oficiales. Aumenta la diversidad, y con ella, la dificultad para seleccionar el centro en el que cursar la carrera académica.

Numerosos factores inciden en la elección del lugar en el que el joven o la joven -de hecho, es mayor la proporción de chicas entre el alumnado universitario en España- desarrollará su formación superior, un elemento clave para su futuro profesional. Algunos son de carácter subjetivo -la universidad donde han estudiado padres o familiares, el centro en el que se van a inscribir las amistades...-, pero también hay datos objetivos. La exhaustiva información que ofrece la Guía de Universidades de CONSUMER EROSKI es un inmejorable instrumento, pero las cifras, porcentajes y estadísticas no siempre lo dicen todo.

En un ámbito tan complejo, poliédrico y, en estos últimos años, tan cambiante, como el de la formación superior, es recomendable diferenciar lo importante de lo accesorio. He aquí algunas pistas para ayudar en esta distinción a los próximos universitarios, a sus familias, y a todas aquellas personas interesadas en la educación.

Adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)

La convergencia hacia el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) copa, cada vez en mayor medida, el esfuerzo, el trabajo y los medios de las universidades españolas. Sin embargo, no todas mantienen el mismo ritmo de adaptación a unas directrices que marcarán a partir del próximo curso 2010-2011 la enseñanza universitaria europea. Ésta no es una cuestión baladí, por lo que el estudiante debe valorarla como un elemento de gran relevancia en su decisión final. De hecho, es muy probable que el mercado laboral, tanto nacional como de la UE, reclame con mayor insistencia personas preparadas y formadas en centros que han aplicado y asumido las orientaciones del conocido también como "proceso de Bolonia", bautizado así en honor a la ciudad italiana en la que se firmó en 1999 la declaración política que sentó las bases de esta transformación.

La Declaración de Bolonia establece seis objetivos estratégicos en su apuesta por el EEES. Estas metas se pueden resumir en la creación de un sistema universitario europeo en el que las titulaciones puedan ser homologables y homologadas en los países miembros sin problemas, algo que no ocurre en la actualidad. De este modo, se pretende fomentar la cooperación entre las universidades europeas, la movilidad de estudiantes y profesores y la mejora de la calidad de la investigación y la enseñanza universitaria.

Hasta la puesta en marcha de este proceso, uno de los principales obstáculos para lograr un método sencillo y eficaz de comparar, y, por tanto, homologar, titulaciones en distintos países era la diversidad de estructuras académicas. El crédito europeo o ECTS (siglas en inglés de Sistema Europeo de Transferencia de Créditos) es el instrumento básico para acabar con este problema. En lugar del crédito actual, que equivale a diez horas de clase tradicional, el ECTS toma como referencia el trabajo del alumno e incluye en sus 25-30 horas el tiempo no sólo de clase sino también del que se dedica fuera de ella (estudio, tutorías, trabajos, seminarios, etc.) a la obtención del conocimiento exigido en el plan de estudios de cada título.

Con el nuevo método, las titulaciones universitarias que se ofertan en un país se dividen en dos grandes grupos. Por un lado, se hallan los estudios de grado, esto es, el primer escalón de la oferta académica. Equivalentes a las diplomaturas y licenciaturas, el número de créditos ECTS necesarios para ser graduado variará en función de las titulaciones entre 180 (tres cursos) y 240 (cuatro cursos).

El segundo nivel de la nueva distribución es el de los estudios de postgrado. En él se incluyen másteres y doctorados. Aunque conservan la denominación con la que se identifican en el sistema actual, su modificación es una de las más relevantes dentro del nuevo espacio europeo. El máster dejará de ser un título propio, es decir, reconocido sólo por el centro de origen, y pasará a ser oficial. Su duración será de uno o dos cursos (60 ó 120 créditos ECTS) y, junto a su carácter de formación especializada, se convertirá en requisito imprescindible para acceder a una mayor preparación investigadora para la obtención del título de doctor. De hecho, se fijará en 300 créditos europeos de grado y postgrado el mínimo necesario para acceder al doctorado.


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