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Qué tener en cuenta para elegir una universidad

¿Universidad privada o universidad pública?

Conviene tener en cuenta que las universidades privadas, con algunas salvedades -como la Universidad de Deusto, la Universidad de Navarra, la de Comillas o la Pontificia de Salamanca-, son un fenómeno reciente en España. Muchas de ellas se han formado en las dos últimas décadas y su bagaje, por tanto, no es muy grande. Como no disponen de financiación pública, su principal fuente de ingresos es precisamente la tasa de matrícula, de ahí su precio, 10 ó 20 veces superior a un centro público.

Su carestía repercute en una menor demanda, porque el número de familias que pueden afrontar estos desembolsos se reduce. Este hecho facilita que su alumnado sea menos numeroso que en los centros públicos y que se potencie la posibilidad de un mejor aprovechamiento individual de las infraestructuras del centro (clases reducidas, más facilidad para aprovechar los recursos informáticos, trato más personalizado...).

A diferencia de los centros públicos, las universidades privadas en España, aun con salvedades como la Universidad de Navarra, están más orientadas hacia la docencia que a la investigación, el segundo gran pilar de los centros de formación superior. La investigación es cara, requiere de medios técnicos y humanos que representan un gran coste y sus resultados no siempre se amortizan, y cuando lo hacen, el plazo de tiempo transcurrido es notable.

La financiación en investigación crece además de forma casi exponencial con el aumento del grado de experimentalidad de las titulaciones. La inversión necesaria para poder investigar en la mayoría de los campos de las ciencias experimentales (Química, Biología, Física...), técnicas (Ingenierías...) y de la salud (Medicina...) es cuantiosa. El coste también se traslada a la formación, en la que el instrumental y estancias (laboratorios, etc.) para poder impartir las necesarias clases y materias prácticas son muy caros. De hecho, en la mayoría de las universidades privadas se puede comprobar que las titulaciones predominantes son las de Humanidades y Ciencias Sociales y Jurídicas, que precisan de una inversión menor para su puesta en marcha.

Sin embargo, los expertos, incluidos los de universidades privadas, prefieren no centrar tanto la distinción entre universidades públicas y privadas, sino entre universidades de calidad y las que no lo son, concepto éste que no está asociado al mayor o menor desembolso que deben realizar los padres de los estudiantes. De hecho, las transformaciones que está viviendo el sistema universitario en nuestro país en los últimos años tienen, entre sus principales objetivos, el establecimiento de clasificaciones o listados de universidades, privadas o públicas, en función de determinados parámetros de calidad.

¿Universidad cerca o lejos del hogar paterno?

La proximidad o la lejanía del hogar paterno de la universidad o la titulación elegida representa otra de las cuestiones básicas que el futuro universitario debe resolver. La tendencia en Europa, y así se refleja en los sucesivos documentos que abordan el proyecto del Espacio Europeo de Educación Superior, es la promoción de la movilidad de estudiantes y de profesores dentro de los países y entre los distintos estados. El estudio fuera del lugar de origen se considera como un valor que repercute de manera beneficiosa en la formación personal y también profesional del alumno porque le permite vivir de forma independiente, enriquecer su bagaje y establecer nuevos vínculos fuera de su entorno habitual.

Sin embargo, este propósito no está al alcance de todos debido a condicionantes personales, familiares y, en mayor medida, económicos. Vivir en otra ciudad o en otro país no resulta barato: exige un desembolso considerable (entre 4.000 y 6.000 euros por curso sin contar la matrícula) que no todas las familias están en condiciones de asumir. Conscientes de este inconveniente, las distintas administraciones (autonómica, nacional, europea) han creado becas y programas de ayudas para facilitar la movilidad nacional e internacional de los alumnos.

Entre los más conocidos, se hallan el Erasmus-Sócrates de la Unión Europea para promover el intercambio de estudiantes y profesores entre las universidades europeas, y el Sicue-Séneca del Ministerio de Educación, con el que se busca facilitar el movimiento de alumnos entre las distintas universidades españolas. En ambos casos, el alumno que está cursando su carrera en una universidad tiene la posibilidad de completar uno de sus cursos en otra universidad española -en el caso del programa Séneca- o en otra universidad europea -con el programa Erasmus-.

Este esfuerzo institucional se suele quedar, sin embargo, a medio camino porque las cuantías que ofrece a los solicitantes están muy lejos de poder cubrir sus necesidades reales.


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